lunes, 27 de junio de 2016

Romanos 3:25-31 - Dios Justifica Al Que Cree En Jesús, ¿Dónde Pues Queda La Jactancia?

01 DIOS JUSTIFICA AL QUE CREE EN JESÚS

En mi post anterior, nos quedamos en Romanos 3:21-24, donde dice: "pero AHORA, a parte de la Ley (sin tener nada que ver con la Ley), se ha manifestado la Justicia de Dios mediante la fe en Jesucristo para todo el que cree, porque no hay ninguna diferencia, por cuanto todos pecamos contra Él, siendo así mismo TODOS justificados gratuitamente mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

Ahora continuamos entonces en el versículo 25: 


(25a) a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre… 

¿Qué significa “propiciación”? El Diccionario de la Real Academia Española define propiciación así: Sacrificio que se ofrecía en la ley antigua para aplacar la justicia divina y tenerlo a Dios propicio (favorable). 

Entonces Dios recién lo utiliza a Jesús como propiciación (sacrificio) a nuestro favor el instante en el que creemos que Jesús en verdad derramó su sangre por nosotros y que su sangre verdaderamente es suficiente para limpiarnos de todos nuestros pecados. 

Hasta que no creamos eso, Jesús no podrá ser nuestra propiciación. 

(25a) a quien Dios puso como propiciación (sacrificio) por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia… 

Dios hizo esto para manifestar su justicia, para mostrar que Él es justo: 

(25b)… a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados… 

Desde siempre, Dios tenía pensado usar a Jesús como propiciatorio para borrar nuestros pecados. Por eso Dios tuvo paciencia de todos los que vivieron antes de Jesús, para también perdonar los pecados de ellos a través de la sangre de Su Hijo. 

Sabiendo que Jesús iba a ser el propiciatorio para todas las generaciones, Dios hubiera sido injusto si Él los hubiera castigado por sus propios pecados a los que vivieron antes de Jesús, porque así hubiera invalidado la sangre de Cristo para ellos. Entonces, 

(26) con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, Dios pasó por alto los pecados pasados, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

En este versículo 26, vemos que Dios es justo cuando Él justifica al que cree en Jesús. ¡Dios es justo cuando Él justifica a TODOS los que creen en Jesús. ¿Puede Dios incluso justificar a un pecador que cree en Jesús? Pues Romanos 4:5 claramente dice que Él es el que justifica al impío cuando el impío cree en Jesús. 

Romanos 4:5, más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. 

Recuerda que justificar significa "declarar justo" o "no culpable", o "absolver de toda condenación". 

(26b)… a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

¡Este versículo 26 dice que Dios es Justo al justificar al pecador que cree en Jesús! 

La Biblia pude haber dicho muchas cosas por habernos justificado. Pudo haber dicho que Él es misericordioso por habernos justificado (y ciertamente lo es). Pudo haber dicho que Él es bondadoso al habernos justificado (y ciertamente lo es). Pero no dice eso. Dice que Él es JUSTO al justificar al pecador. 

Es más, Dios fuera injusto si Él no justificara al pecador que cree en Jesús. ¿Pero por qué? Debemos entender uno de los propósitos principales por los que Jesús vino a sufrir en la cruz. ¡Jesús vino a sufrir en la cruz en nuestro lugar! Jesús ya recibió el castigo por nuestros pecados en nuestro lugar, y volvernos a castigar por los mismos pecados QUE YA FUERON CASTIGADOS EN EL CUERPO DE JESÚS sería una injusticia. 

Aún las leyes humanas reconocen la Ley de la Cosa Juzgada, la cual sostiene que cuando un crimen ya pagó su tiempo de condena, sería injusto volver a pasar por otro juicio por aquel mismo crimen que ya pagó su tiempo de condena. 

Entonces Dios sería injusto si Él volviera a castigarnos mandándonos al Infierno por nuestros pecados, cuando Jesús ya recibió el justo castigo por todos nuestros pecados. Todos nuestros pecados han sido ya perdonados en el cuerpo de Jesús. 

Uno pensaría que Dios dejaría de ser justo por justificar a un pecador. Es decir, ¿cuál juez declara no culpable al que claramente es criminal y ha hecho cosas muy malas? Ciertamente el pueblo pensaría de este juez que es un juez corrupto por no condenar al culpable. Pero no así con Dios. Dios sigue siendo justo al justificar al pecador y explicaré por qué: 

No es que tus pecados nunca fueron castigados. No es que Dios es como un alcahuete que esconde bajo la alfombra tus pecados para que nadie los pueda ver así no más. 

Es cierto que Dios es amor, pero Dios también es JUSTO y en su justicia Él TIENE que castigar al culpable y al pecador, y ya vimos en Romanos 3:23 que el castigo justo del pecado es la muerte. Entonces, lo justo hubiera sido matarnos a todos porque eso era lo que merecíamos. 

Pero Dios también es amor, y en Su amor Él no quiso fulminarnos a toditos, y por eso Él envió a Jesús, para cargar sobre el cuerpo de su Hijo el pecado de todos nosotros y fulminarlo a Él por nuestros errores. 

02 JESÚS MURIÓ EN NUESTRO LUGAR 

Isaías 53 dice: 

(5) Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 

Nota que Jesús fue herido por NUESTRAS rebeliones y molido por NUESTROS pecados. El castigo de NUESTRA paz fue sobre JESÚS. 

(6) Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 

(7) Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 

(8) Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 

Es decir que después de condenarlo injustamente, se lo llevaron. A nadie le importó que muriera sin descendientes; ni que le quitaran la vida a mitad de camino. Sino lo hirieron de muerte por la rebelión de mi pueblo. 

(9) Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 

(10) Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 

(11) Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 

(12) Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. 

¿Ves todo lo que dice ahí? ¡Me encanta! Te recomiendo que leas y estudies este Isaías 53, ¡es muy bello! 

El versículo 10 dice que con todo, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Uno diría que con el amor que un padre le tiene a su hijo, a Dios le dolería el corazón tener que quebrantar a su Hijo, pero éste versículo dice que Dios QUISO QUEBRANTARLO. En la King James Versión (la versión más popular de la Biblia en el idioma inglés), éste versículo dice que le AGRADÓ A DIOS herir a su Hijo. ¿Por qué le agradaría a Dios herir a su Hijo? ¿No que lo amaba? 

No es que Dios no amaba a Jesús, porque Dios siempre ha amado profundamente a su Hijo Jesús y siempre lo amará. Recordarás cuando Jesús subió de las aguas del bautismo en Mateo 3:16-17, los Cielos se abrieron y se escuchó una voz del Cielo diciendo: "éste es mi Hijo Amado en quien tengo complacencia". 

No es que Dios no lo amaba a Jesús, sino que Dios estaba dispuesto a sacrificar a quien Él más amaba por salvarnos a nosotros. ¡Ahí vemos el amor que el Padre nos tiene! 

Es como la historia de un padre que tenía un hijo y un día salieron a navegar con su hijo y el amigo de su hijo. De repente comenzó una tormenta y el barco se volcó por causa de las olas monstruosas. Tanto el hijo como el amigo de su hijo cayeron al agua. El padre no se cayó porque se agarró del mástil. 

Ahora, su hijo era cristiano y era salvo, pero el amigo de su hijo no lo era y no conocía a Jesús. El padre tenía una sola cuerda de salvamento para rescatar a uno solo. Entonces tenía que hacer una elección dolorosa: o rescatar a su hijo y dejar que su amigo siga a la eternidad sin Jesús, o sacrificar a su hijo a quien tanto ama por salvar a un pecador. 

Entonces el padre grita a su hijo: “¡te amo!”, pero lanza la cuerda de salvamento al amigo de su hijo, rescatándolo y dejando que su hijo sea tragado por las olas y nunca más lo volvió a ver. 

Lo mismo es con nuestro Dios y Padre: Él ama a Jesús pero no quería que nosotros sigamos a una eternidad sin Él. ¿Pero cómo podría Dios recibirnos en Su Gloria si estábamos sucios y llenos de pecados? La única solución era castigar nuestros pecados. Y la única forma de no castigarnos a nosotros por nuestros propios pecados con lo que merecíamos –es decir, con la muerte– era a través de un propiciatorio (un sacrificio que tomara nuestro lugar). Ése propiciatorio fue Jesús. 

Hubo una transferencia: Él se llevó nuestros pecados y nuestros pecados ya fueron castigados pero en el cuerpo de Jesús. Entonces Jesús murió en nuestro lugar. Su muerte fue nuestra muerte, y nosotros ya morimos al pecado en el cuerpo de Jesús. 

Entonces la justicia de Dios fue satisfecha en la cruz, porque alguien sufrió por esos pecados. ¿Quieres saber que Dios es justo? Mira a Jesús sufriendo en la cruz por los pecados. ¿Quieres saber que Dios es amor? Mira a Jesús sufriendo en la cruz por nuestros pecados. En la cruz, tanto la justicia de Dios y el amor de Dios se encuentran y son satisfechas. 

Entonces, a veces la gente toma el pecado ligeramente porque piensan que Dios los perdona libremente como si nada. Pero no olvidemos que un Justo tuvo que morir para el perdón de esos pecados. Nunca pienses que Dios toma el pecado ligeramente, porque el pecado le costó a su Hijo. 

Para Dios, así de horrible es el pecado, tanto que tuvo que derramarse la sangre perfecta del Inocente para limpiarlo. 

Entonces no es que Dios toma el pecado ligeramente. Nunca pienses así, amado lector. Para limpiar el pecado, fue necesario la muerte del precioso Hijo de Dios, de nuestro precioso Señor y Salvador y del más Amado en todo el Universo. No es una salvación barata, porque a Dios le costó todo. 

03 ¿DÓNDE QUEDA PUES LA JACTANCIA? 

Pero a nosotros, ¿qué nos cuesta? Según lo que estamos leyendo en Romanos 3:21-26, sólo nos "cuesta" nuestra fe, creer en Jesús, y eso no es nada comparado a lo que Dios tuvo que hacer por nuestra salvación. 

¡Por eso digo que la salvación es gratuita! Realmente sí lo es cuando entendemos nuestra parte comparada a la parte que le tocó a Dios. Nuestra parte prácticamente es regalada. 

No pienses ni por un minuto que tú tienes que ganarte la salvación mediante méritos, buenas obras y una "vida santa", porque entonces la salvación dejaría de ser un regalo y sería un premio o una recompensa. 

¿Qué dice Efesios 2:8-9? (8) Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; (9) no por obras, para que nadie se gloríe. 

Analicemos este pasaje un momentito: ¡Dice que somos salvos por gracia por medio de la fe! ¡Amen! Y después dice que ni nuestra fe es nuestra misma, ¡sino que es un don –es decir, un regalo– de Dios! Es decir, la fe que tú tienes en Jesús, es Dios quien te permitió tener esa fe. Dios te regaló la fe que tú tienes en Jesús para que tú pudieras ser salvo. 

Entonces, ¿dónde queda el ganarse o merecerse el Cielo, si Dios es el que ya hizo todo por nuestra salvación? ¿Dónde queda el jactarse diciendo: "¡por mis buenas obras es que yo me gané el Cielo!", "¡por mi propia fe yo me gané el Cielo!”, o “¡por mi santidad yo me gané el Cielo!"? 

Jactarse ya no tiene sentido, porque tú literalmente no hiciste nada. ¡Se te regaló el Cielo! El versículo 9 dice que no es por obras para que nadie se gloríe. 

Imagínate si el Cielo se lo ganara uno por sus buenas obras: habría gente jactanciosa y presuntuosa en el Cielo diciendo: “¡por mi propio brazo fuerte, yo me gané el Cielo! ¡Yo merezco estar aquí! Porque yo fui una muy buena persona y yo nunca le hice daño a nadie". 

Una vez más, la verdad es que el Cielo nadie se lo gana, sino que es un regalo que se nos da cuando creemos en Jesús. 

Romanos 3:27-28: (27) ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. (28) Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 

Cuando crees en Jesús, eres salvo, independiente de tus obras. Esa es la conclusión a la que hemos llegado con todo este estudio de Romanos 3:19-28. Y con este entendimiento, podemos incluso seguir con el estudio del resto del libro de los Romanos e incluso con toda la Biblia. 

Es fundamental que entendamos primeramente esto como nuevos creyentes: que nuestra posición con Dios no depende de nuestras obras, sino de nuestra fe. Al entender esto, podremos interpretar correctamente algunos pasajes que parecieran insinuar que tu salvación depende de tus obras. Pero llegar a una conclusión así sencillamente contradiría lo escrito en Romanos 3:19-28, y la Biblia no se puede contradecir. Entonces la única otra solución es que la interpretación correcta de aquellos pasajes no es tan superficial y que hay en realidad un significado más profundo en estos pasajes ambiguos. 

Aún queda mucho más por aprender, amado lector (y en el caso de algunas personas, incluso por des-aprender, porque en otros lugares te enseñaron cosas que sencillamente no son verdad). Deseo, pues, puedas continuar conmigo en este emocionante estudio de la Palabra de Dios cuando publique mi próximo post. Hasta entonces, ¡el Señor te bendiga! 

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